No podemos amar a los demas si no nos amamos a nosotros mismos
Amarnos a nosotros mismos no puede lograrse sin la capacidad de amar a los demás.
¿Es el amor un arte?
La mayoría de la gente cree en el amor como una sensación placentera;
sin embargo, Erich Fromm lo considera un arte que requiere conocimiento y
esfuerzo.
La mayoría de la gente cae en el error de suponer que
no hay nada que aprender sobre el amor, y ello se debe a varios motivos:
considerar que el problema del amor consiste en ser amado y no en amar,
valorando aspectos como el éxito, ser poderoso, rico, ser atractivos,
en definitiva, una mezcla de popularidad y sex-appeal; el hecho de creer
que amar es fácil y lo difícil es encontrar a quien amar, la
importancia del objeto frente a la de la función, la suposición de que
el problema del amor es el de un objeto y no de una facultad; la
confusión entre la sensación inicial del "enamorarse" y el permanecer
enamorado cuando la otra persona ya no es desconocida y se pierde el
halo de misterio inicial.
El amor es un arte, y todo arte necesita un proceso de aprendizaje, tanto en lo teórico como en el aspecto práctico.
Hay un aspecto curioso que Fromm comenta en referencia a los errores
que lleva a muchas personas suponer que no hay nada que aprender sobre
el amor. Afirma que las relaciones amorosas humanas siguen el mismo
esquema existente en el mercado de bienes y de trabajo, en la idea de un
intercambio mutuamente favorable. "Una mujer o un hombre atractivos son
los premios que se quiere conseguir".
La Teoría del amor
El amor, la respuesta al problema de la existencia humana
En los animales, sus afectos constituyen una parte de su instinto, algo
que también permanece en el hombre. El hombre sufre la necesidad de
superar su separatidad, de abandonar "la prisión de su soledad", porque
la vivencia de la separatidad provoca angustia. La solución a esta
soledad ha recibido varias respuestas a lo largo de la historia,
utilizando varios medios que ayuden a alcanzarla tales como adorar
animales, conquistas militares, lujuria, trabajo obsesivo, creación
artística, amor a Dios, amor al Hombre. En el niño la presencia de la
madre evita su sentimiento de separatidad.
Fromm nos habla de
"estados orgiásticos". Muchos rituales de tribus primitivas utilizaban
las drogas como forma de escapar del estado de separación, o a través de
la experiencia sexual, siendo el orgasmo un estado similar al provocado
por un trance o los efectos de ciertas drogas. Las orgías sexuales
comunales formaban parte de muchos rituales primitivos. Participar en
estos estados orgiásticos, al ser una práctica común e incluso exigida
por los médicos brujos o sacerdotes, no producía angustia, sentimiento
de culpa o vergüenza.
En una cultura no orgiástica se trata de
escapar de la separatidad a través del alcohol o las drogas,
experimentando el individuo sentimientos de culpa y remordimiento. El
acto sexual sin amor no elimina, salvo en forma momentánea, el abismo
que separa a dos seres humanos. En esta cultura esta forma de escapar de
la separatidad provoca una cada vez mayor sensación de separación.
Las uniones orgiásticas son intensas, ocurren en mente y cuerpo, son transitorias y periódicas.
Hay otro aspecto a considerar, la unión basada en la conformidad con el
grupo. El hombre pasó de vivir en un grupo pequeño a integrarse en
ciudades, estados, miembros de una iglesia. La uniformidad predomina en
una unión donde el ser individual desaparece en pro de la pertenencia al
rebaño. La conformidad con el rebaño es la forma predominante, donde
los pensamientos, las costumbres, la forma de vestir, los empleos, el
ocio... no difieren apenas entre los ‘diferentes’ individuos que forman
parte de la colectividad. Se cree ser diferente, tener ideas o
pensamientos propios cuando en realidad son prácticamente los mismos,
creer que poder elegir entre unas determinadas diferencias aceptadas por
una mayoría representa una ausencia de conformismo o que esto es ser
individualista. La igualdad como condición para el desarrollo de la
individualidad. Esta estandarización o igualdad conviene a la sociedad,
como forma de evitar fricciones. Incluso lo que muchos suponen un gran
logro, la igualdad de las mujeres, forma parte del movimiento conducente
a la eliminación de las diferencias. Es curioso lo que escribe Fromm:
"la polaridad de los sexos está desapareciendo, y con ella el amor
erótico, que se basa en dicha polaridad".
Pero la unión por la
conformidad no soluciona per se la angustia de la separatidad. Síntomas
de sus fallos son el alcoholismo, el abuso de las drogas, la sexualidad
compulsiva o el suicidio. Al mismo tiempo, a diferencia de las
soluciones orgiásticas, afecta sobre todo a la mente y no al cuerpo. La
única ventaja de la conformidad es la permanencia. Otros aspectos a
considerar son la rutina en el trabajo y el ocio. Existe poca
iniciativas ante unas tareas prescritas por la organización del trabajo.
Las diversiones están rutinizadas y prefabricadas. Es concluyente la
pregunta que Fromm se/nos hace. "¿Cómo puede un hombre preso en esa red
de actividades rutinarias recordar que es un hombre, un individuo único,
al que sólo le ha sido otorgada una única oportunidad de vivir, con
esperanzas y desilusiones, con dolor y temor, con el anhelo de amar y el
miedo a la nada y a la separatidad?"
Una tercera forma de lograr la
unión sería la actividad creadora, donde el individuo que crea y su
objeto se tornan uno. Esto no englobaría al trabajador de una cadena de
montaje, que se siente bastante alejado de aquello que produce en su
trabajo rutinario.
Pero la unión lograda en la fusión orgiástica es
transitoria, la que proporciona la conformidad es una pseudo-unidad y la
actividad creadora no es interpersonal. Así, Fromm concluye que ante
estas respuestas parciales sólo el amor puede lograr la fusión con otra
persona, siendo el "impulso más poderoso que existe en el hombre". Tan
convencido está Fromm de ello que llega a escribir que "sin amor, la
humanidad no podría existir un día más".
Sin embargo, ahora surge
una duda, ¿de qué amor estamos hablando? ¿el amor como solución al
problema de la existencia o como unión simbiótica? Fromm critica el amor
como unión simbiótica, lo considera una forma inmadura de amar. Podría
hablarse de unión simbiótica entre el feto y la madre embarazada; la
sumisión o masoquismo, donde la persona renuncia a su integridad
convirtiéndose en instrumento de alguien o algo ajeno a él; la
dominación o sadismo, forma activa frente a la pasiva que representa la
sumisión, quien escapa de su soledad creando en otro individuo la
prolongación de su ser.
Es por ello que cuando Fromm habla de amor
se refiere a un amor maduro donde "se da la paradoja de dos seres que se
convierten en uno y, no obstante, siguen siendo dos". Hay que entender
la capacidad de amar como acto de dar, sin pensar en el sentido
mercantilista donde dar implica recibir. Al final, dar significa
recibir, porque cuando se da con sinceridad no se deja de recibir, o
como bien dice Fromm "el amor es un poder que produce amor". Y esto no
sería circunscribible sólo al amor, podríamos por ejemplo hablar del
maestro que aprende de sus alumnos.
Pero el amor no sólo es dar,
también implica cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento, todos
conformando una interdependencia mutua. No amamos aquello que no
cuidamos. La persona que ama, responde. Respeto como preocupación por el
prójimo, evitando así que la responsabilidad degenere en dominación; o
como dice una vieja canción francesa, el respeto sólo existe sobre la
base de la libertad. Pero el cuidado, la responsabilidad o el respeto no
son posibles si conocer a la persona. Como dice Fromm, "el conocimiento
sería vacío si no lo motivara la preocupación". Sólo el amor hace
posible el conocimiento, en el acto de amar me encuentro a mí mismo. Sin
embargo, ya decía el sabio que mientras más sabía más se daba cuenta de
que, en realidad, no sabía nada. Otra frase curiosa que escribe Fromm
es que "la consecuencia última de la psicología es el amor".
Hasta
ahora se ha hablado del amor como forma de afrontar la separatidad
humana. Pero existe una necesidad existencial de unión de orden
biológico, la polaridad de los sexos. Fromm critica la teoría freudiana
acerca de la sexualidad, diciendo Freud que la finalidad del deseo
sexual es la eliminación de la tensión química producida en el cuerpo,
sin tener en cuenta el aspecto psicobiológico de la sexualidad, la
polaridad hombre-mujer y el deseo de resolver esta polaridad a través de
la unión.
Es curiosa la conclusión a la que llega Fromm acerca
de las actitudes homosexuales: "La desviación homosexual es un fracaso
en el logro de esa unión polarizada, y por eso el homosexual sufre el
dolor de la separatidad nunca resuelta, fracaso que comparte, sin
embargo, con el heterosexual corriente que no puede amar". Salvando las
distancias, creo que podría estar equivocado. Si bien no parece
demostrado que en los homosexuales haya aspectos patológicos
diferenciadores con respecto al resto de su sexo, hay evidencias que
sugieren que los genes pueden ser un factor en la orientación sexual;
aunque otras opiniones, como la de Sigmund Freud, afirman que es más
probable que los factores determinantes sean las experiencias durante la
infancia. En este último punto, Freud afirma que la falta de un
progenitor del mismo sexo con el cual poder identificarse podría ser una
causa de la homosexualidad. Si nos remontáramos al siglo XIX la
homosexualidad era entonces clasificada como enfermedad.
El amor entre padres e hijos
El niño al nacer no tiene conciencia de la realidad que le rodea o de
sí mismo. Tan sólo siente la estimulación del calor de la madre y el
alimento, la satisfacción y seguridad que la madre le produce; lo
exterior es real en función de sus necesidades. Cuando crece aprende a
percibir las cosas, aprendiendo a manejar las cosas y a la gente. Siente
el amor incondicional materno. Los niños entre los ocho y medio a los
diez años ya pueden amar y no sólo responder con gratitud y alegría al
amor que reciben. El niño pasa de su egocentrismo a valorar las
necesidades de los demás, donde dar o amar es más satisfactorio que
recibir, sintiendo una nueva sensación de unión. Fromm lo reduce a lo
siguiente "El amor infantil sigue el principio: ‘Amo porque me amar’. El
amor maduro obedece al principio: ‘Me aman porque amo’. El amor
inmaduro dice: ‘Te amo porque te necesito’. El amor maduro dice: ‘Te
necesito porque te amo’."
El amor al padre es diferente y de poca
importancia durante los primeros años de la vida del niño, el padre "no
representa un hogar natural" de donde venimos. El padre será quien
enseñe al niño el camino hacia el mundo, en un amor que es condicional
que, a diferencia del materno, puede ser controlado. Después de los seis
años, el niño comienza a necesitar el amor del padre, su autoridad y su
guía. La función de la madre es la de aportar seguridad, el padre será
quien enseñe y guíe ante los problemas que plantea la sociedad. Las
cualidades paternas serían la disciplina, independencia, habilidad de
dominar la vida por sí mismo.
La base de la salud mental y el logro
de la madurez son fruto del éxito de la relación madre-niño y
padre-niño. La neurosis es fruto del fracaso o ciertos desajustes en
esta relación. Así, "ciertos tipos de neurosis, las obsesivas, por
ejemplo, se desarrollan especialmente sobre la base de un apego
unilateral al padre, mientras que otras, como la histeria, el
alcoholismo, la incapacidad de autoafirmarse y de enfrentar la vida en
forma realista, y las depresiones, son el resultado de una relación
centrada en la madre."
Creo que es bastante discutible cuando
dice: "Si un individuo [al llegar a la etapa adulta] conservara sólo la
conciencia paterna, se tornaría áspero e inhumano. Si retuviera
únicamente la conciencia materna, podría perder su criterio y
obstaculizar su propio desarrollo o el de los demás".
Los objetos amorosos
Es un error pensar que sólo amamos a una determinada persona, pues esto
no es sino una relación simbiótica o egotismo ampliado. Como
poéticamente escribe Fromm, "si amo realmente a una persona, amo a todas
las personas, amo al mundo, amo la vida". Aunque esto no quita que
podamos distinguir diversos tipos de amor.
Como objetos amorosos se distinguen el amor fraternal, el amor materno, el amor erótico, el amor a sí mismo y el amor a Dios.
Amor fraternal
Entendamos por amor fraternal como el amor a todos los seres humanos,
tal como Jesús decía a sus discípulos que amaran a su prójimo como a sí
mismos. Así, el amor sólo comienza a desarrollarse cuando amamos a
quienes no necesitamos por un fin egoísta.
Amor materno
De
esto ya se ha hablado antes, sin embargo, quedaría por añadir algunas
observaciones. El amor materno no sólo contribuye a la conservación de
la vida del niño y su crecimiento, sino también debe inculcar en el niño
el amor a la vida. El amor madre-niño crea una dependencia de éste
último necesaria, y a diferencia del amor erótico, donde dos seres
separados se vuelven uno, en el amor materno dos seres que estaban
unidos se separarán. En el momento de la separación el amor materno se
hace más difícil, imposible si una madre no puede "amar a su esposo, a
otros niños, a los extraños, a todos los seres humanos."
Amor erótico
A diferencia del amor fraterno o el materno, el amor erótico es una
unión con una única persona, exclusivo y no universal, siendo "la forma
de amor más engañosa que existe". No hay que confundirlo con la
experiencia de "enamorarse", situación ésta limitada por el hecho de
llegar a conocer a la otra persona tanto como a uno mismo, o mejor
dicho, tan poco. Otros factores que muchas personas se confunden al
considerarlos formas de salvar la separatidad son hablar de uno mismo,
de las esperanzas, mostrar aspectos infantiles, establecer un interés
común frente al mundo... También es erróneo confundir el deseo sexual
con el amor, aunque el amor pueda inspirar el deseo de la unión sexual.
El deseo sexual sin amor no conduce a la unión, salvo en sentido
orgiástico transitorio.
Un aspecto importante a considerar es la ya
comentada exclusividad del amor erótico. El amor erótico sólo excluye el
amor a los demás como fusión erótica. Hemos visto el amor erótico como
atracción individual y concreta entre dos personas, pero también
podríamos hablar de un acto de voluntad y un compromiso, pues de ser
sólo sentimiento no tendría sentido hablar del amor eterno, del
matrimonio hasta que la muerte los separe. Aquí Fromm no distingue entre
el matrimonio decidido por terceros y el de la elección individual,
pues la voluntad será la que garantice la continuación del amor.
Ante lo expuesto me hago las siguientes preguntas: ¿Existe el amor
eterno? ¿Sólo puede existir amor erótico entre dos personas, no puede
haber una tercera? ¿No es más intenso el amor como elección individual
que el convenido por otros intereses, aun cuando la voluntad y
compromiso haga permanecer unida a la pareja?
Amor a sí mismo
Son muchas las opiniones que a lo largo de los tiempos han puesto
objeciones al amor a sí mismo. Unos lo consideraron pecado, otros como
Calvino lo calificarían de "peste", hablarían de narcisismo, de ser
insano, que el amor a sí mismo excluye el amor a los demás.
Fromm es
tajante al afirmar que es una "falacia lógica" hablar de esta exclusión
recíproca. Por todos es conocida la frase bíblica "ama a tu prójimo
como a ti mismo". Pero, ¿qué explicación tiene el egoísmo si el amor a
mí mismo y a los demás es conjuntivo? Ante esto la respuesta es que "el
egoísmo y el amor a sí mismo, lejos de ser idénticos, son realmente
opuestos". Si un individuo sólo ama a los demás, no puede amar en
absoluto; por el mismo motivo, si sólo se ama a sí mismo, nada sabemos
sobre lo que es amar. El egoísta ni tan siquiera llega a amarse a sí
mismo, sintiéndose vacío, infeliz, preocupado por arrancar a los demás
las satisfacciones que él no puede/quiere conseguir. En el caso de una
madre sobreprotectora, más que un amor excesivo lo que muestra es la
forma de compensar su total incapacidad de amar. En esencia poco
diferencia el efecto producido por la madre generosa y la madre egoísta,
pudiendo ser peor la primera, en cuanto los hijos evitan criticarla, se
sienten presionados, la obligación de no desilucionarla. Para llevar a
un niño a conocer la felicidad, el amor y la alegría no hay nada como
una madre que se ama a sí misma. Algo similar podría decirse de una
persona ‘generosa’ que poco o nada quiere de sí mismo y sólo vive para
los demás: no es feliz, es hostil hacia la vida, la generosidad es una
fachada que esconde un intenso egocentrismo.
Creo que deja en muy
mal lugar a la madre sobreprotectora. Si bien llevado a un caso extremo
puede ser cierto lo que afirma Fromm, en un caso normal es una actitud
relativamente normal que no creo que tanto perjudique al niño porque,
¿cuál es el límite de la intensidad con la que debemos o podemos amar a
otros o a nosotros mismos? ¿está demostrado que rebasar este supuesto
límite, si acaso existe, tiene unos efectos más negativos que positivos?
Amor a Dios
Si consideramos el número de páginas que Fromm utiliza para hablar del
amor a Dios, parece ser más complejo o importante que los precedentes.
Si hubiera que sintetizar la idea que Fromm aporta acerca de la
necesidad de amar, podríamos decir que esta necesidad existe motivada
por la separatidad, como forma de superar la angustia que el estado de
separación produce en el hombre, siendo la unión la solución.
El
hombre surge de la naturaleza, de la madre, de una unidad original a la
que se aferra por encontrar en ella seguridad. En una primera etapa
evolutiva se identificaba con los animales y los árboles; muchas
religiones primitivas reflejan esta etapa evolutiva. Posteriormente es
capaz de moldear figuras en arcilla, metales, cuando ya no depende tanto
de la naturaleza; entonces aparecen los ídolos que adquieren apariencia
humana. Parece haber existido una fase matriarcal de la religión
anterior a la patriarcal en determinadas culturas. La fase patriarcal
marca determinados principios o normas a obedecer, la sociedad
patriarcal es jerárquica; pero los aspectos maternos no pueden ser
totalmente eliminados, teniendo un claro ejemplo en la Virgen de la
religión católica. En muchos casos los dioses han evolucionado de la
misma forma que lo hacía la sociedad; el paso de una estructura social
centrada en la madre a una centrada en el padre produjo el campo de dios
matriarcal a patriarcal. Dios en la religión católica es un ente sin
nombre, justo aunque severo en ocasiones, es amor, se compromete, es la
fuente de toda existencia. Es la figura del padre al que hay que
obedecer, un amor condicionado, que premia ante los buenos actos y se
enoja ante la desobediencia.
Fromm examina la diferencia entre la
lógica aristotélica y la paradójica, una primera donde lo que ‘es’ no
puede ser al mismo tiempo ‘no ser’, y la otra que sí acepta esta
premisa. Así, a través de la lógica paradójica podemos concluir que el
amor a Dios no es conocer a Dios a través del pensamiento, sino el acto
de experimentar la unidad con Dios. Desde este punto de vista lo
importante no es el pensamiento, sino el acto. La lógica paradójica
llevó al hombre a la tolerancia y la autotransformación, la aristotélica
al dogma y la ciencia; en el primer caso podríamos hablar de oriente y
en el segundo de occidente. Así, en occidente el amor a Dios es sobre
todo una experiencia mental, mientras que en las religiones orientales
es una "intensa experiencia afectiva de unidad".
Existe un
importante paralelismo entre el amor a los padres y el amor a Dios. El
amor a Dios es inseparable del amor a los padres, su amor al hombre, en
una relación determinada por la estructura de la sociedad en que vive;
así, si la estructura social es la de sumisión a la autoridad, el
concepto de Dios será infantil y alejado de un concepto maduro.
El amor y su desintegración en la sociedad occidental contemporánea
Si partimos de la premisa de que el amor es una capacidad del carácter
maduro, observando la sociedad occidental es indudable que el amor es un
fenómeno relativamente raro, dándose en realidad diferentes formas de
pseudoamor o "desintegración del amor".
La estructura social, regida
por el capitalismo, en un principio de supuesta libertad política y de
mercado, necesita mano de obra obediente y eficiente, al mismo tiempo
que consumidores impulsivos y poco críticos, personas que se sientan
libres e independientes que encajen sin dificultades en el engranaje
social. Esto ha producido en el hombre la enajenación de sí mismo y de
lo que le rodea, en una situación de angustia e inseguridad que hace
imposible superar una separatidad ante la que la sociedad ofrece muchos
paliativos: rutinización del trabajo, el consumo, el ocio prefabricado.
Parece que la felicidad pasa por divertirse, y esto implica consumir.
Los autómatas no pueden amar, el amor llega a equiparse con las
condiciones mercantilistas que rigen la sociedad, en unas relaciones que
suelen ser artificiales. Se ha mantenido el error de pensar que el
éxito del amor tan sólo radica en la satisfacción recíproca en el
aspecto sexual, cuando en realidad el problema es el amor: está
demostrado que los problemas sexuales más frecuentes no tienen su causa
en el desconocimiento de la técnica adecuada sino en las inhibiciones
que impiden amar. El temor o el odio al otro sexo es la raíz de la
dificultad de entregarse por completo.
Fromm critica en Freud su
concepto materialista del amor, del amor considerado básicamente un
fenómeno sexual, de un sentimiento de unidad que Freud lo interpretaba
como fenómeno patológico de regresión a un estado de temprano
"narcisismo ilimitado", de no distinguir entre el amor irracional y el
amor maduro.
En Sullivan critica su idea de que el amor es una
situación de colaboración entre dos personas que sienten, en lo que
Fromm denomina "egotismo à deux", donde dos personas aman sus intereses
frente a un mundo hostil y enajenado.
Así, el amor como satisfacción
sexual recíproca y el amor como "trabajo en equipo", constituyen las
formas "normales" de la desintegración del amor en la sociedad
occidental contemporánea.
Se describen cierto tipos de relaciones
neuróticas amorosas. Un primer ejemplo es la inmadurez emocional y
afectiva, fruto de una relación infantil materna/paterna no superada;
personas que muestran un gran amor y afecto, que en cierta forma es
superficial e irresponsable, que entran en profundas contradicciones y
desengaños cuando creen no ser correspondidos en su justa medida; o la
situación en donde la madre fue fría e indiferente y el padre concentra
todo su afecto e interés en el hijo, pero de forma también autoritaria,
premiando y castigando, lo que lleva al hijo a comportarse como un
esclavo, a complacer al padre, y esto lo trasladará posteriormente en
sus relaciones personales intentando encontrar la figura paterna con la
que poder mantener una conducta similar, personas que suelen tener éxito
social pero relegan a un segundo plano el aspecto afectivo
interpersonal.
Un matiz más complicado presenta el hijo ante unos
padres que no se aman e intentan ocultárselo. El hijo desconoce lo que
los padres piensan y sienten, lo que le hace retraerse en su propio
mundo, y esto lo trasladará a las relaciones amorosas posteriores,
necesitando a veces que las acciones masoquistas le liberen de la carga
de tensión y miedo provocada por su nula afectividad.
Otras formas
frecuentes de amor irracional son: el amor idolátrico, en el que se
tiende a "idolizar" a la persona amada, siendo característico su
comienzo intenso aunque de difícil permanencia; el amor sentimental, más
fantástico que real, como el experimentado ante una película, novela o
canción romántica, o en el recuerdo de un pasado común por el que se
muestra un amor que entonces no existió, o la esperanza de un amor
futuro inexistente en el presente; otra forma de amor neurótico pasa por
el uso de mecanismos proyectivos, buscando las propias falta ignoradas
en los demás, o la de intentar dar sentido a la propia vida a través de
la vida de los hijos.
Fromm insiste en el error frecuente de pensar
que el amor significa necesariamente la ausencia de conflicto, cuando en
realidad los ‘conflictos’ de la mayoría de la gente son formas de
evitar los "verdaderos conflictos reales", no siendo éstos últimos en
absoluto destructivos.
El amor es un desafío constante, que parte
desde el centro de nuestra existencia, en la experiencia de dos seres
"que son el uno con el otro al ser uno consigo mismo y no al huir de sí
mismos".
Si pensamos en el aspecto religioso, la vida diaria está
separada de cualquier valor religioso fruto del mismo automatismo que
nos impide amar a los demás o a nosotros mismos, donde el hombre moderno
se ha transformado en un artículo más del engranaje mercantilista,
preocupado por un éxito que llega a olvidarse del propio yo, de la
propia existencia al margen de los sentimientos.
Hay una frase
muy interesante que escribe Fromm: "El hombre contemporáneo es más bien
como un niño de tres años, que llora llamando a su padre cuando lo
necesita, o bien, se muestra completamente autosuficiente cuando puede
jugar". Dios podría ser ese padre, o la madre que te ama sin
condiciones, y el juego no es mas que nuestra aceptación y participación
en un mundo donde prima el mercantilismo que nos hace creer que lo
óptimo es participar en él aceptando las reglas del juego. Pero esto no
anula el sentimiento de separatidad ampliamente descrito, más bien lo
oculta, y esto provoca sentimientos contradictorios, angustias, fobias,
inadaptación ante nosotros mismos y ante los demás.
La práctica del amor
La práctica del amor es una experiencia personal ante la cual no
existen recetas, no obstante, existen ciertos enfoques y premisas que
nos pueden ser útiles.
Ya se comentó que el amor es un arte, y todo
arte requiere disciplina, concentración, paciencia, una preocupación
suprema por el dominio del arte y, por último, ser consciente de que un
arte no se aprende sino de una forma indirecta.
El hombre moderno es
excesivamente indisciplinado fuera del entorno laboral. La falta de
concentración nos impide estar a solas con nosotros mismos. Todo a
nuestro alrededor se muestra acelerado, lejos de esa paciencia necesaria
para la quietud y el disfrute verdadero, creyendo que algo se pierde
cuando no actuamos con rapidez, cuando es justamente lo contrario. Otra
condición es la preocupación por el arte que debemos dominar, pasar de
ser un mero aficionado a ser un maestro. ¿Por qué había de aprenderse a
amar de una forma indirecta? Porque antes de comenzar con el arte mismo,
son muchas las cosas que, aunque aparenten no tener relación alguna,
son fundamentales.
Cuando se habla de disciplina, se hace referencia
a una práctica fruto de nuestra propia voluntad, que se sienta como
algo agradable. La concentración es algo más complicado, requiere saber
estar sólo con uno mismo, sin hacer nada más que eso, siendo una
condición indispensable para la capacidad de amar, pero al mismo tiempo
hemos de concentrarnos en todo lo que uno hace. Y esta concentración
pasa inevitablemente por saber escuchar, que no es lo mismo que oír.
Porque estar concentrado significar vivir plenamente en el presente. Hay
que pensar continuamente en uno mismo, analizarse, sensible ante los
demás. Es fácil ser sensible ante los procesos corporales, pero ya no lo
es tanto para los mentales.
Aquí se señala un factor altamente
crítico del sistema educativo, que se fundamenta en la transmisión de
cierto tipo de conocimiento en detrimento o ausencia de los rasgos y
actitudes humanas.
Hasta aquí se han descrito las condiciones
necesarias para la práctica de cualquier arte pero, ¿cuáles son las
cualidades con verdadera importancia para la capacidad de amar? En
primer lugar superar el propio narcisismo, adquirir una visión lo más
objetiva posible del mundo exterior sólo alcanzable utilizando la propia
razón en una actitud de humildad. Así, el amor requiere humildad,
objetividad y razón. La objetividad y la razón representan la mitad del
camino hacia el dominio del arte de amar, pero sin olvidar que no basta
con aplicarlo a la persona amada, pues del no aplicarlo al resto del
mundo estaríamos abocados al fracaso en ambos sentidos. Hay que tener
fe, pero no la fe irracional en una persona o una idea donde hay que
someterse a una autoridad también irracional, sino una fe racional en el
propio pensamiento y en el juicio, tener fe en otra persona como signo
de confianza, "de la esencia de su personalidad, de su amor". Al mismo
tiempo es imprescindible la fe en uno mismo, pues "sólo la persona que
tiene fe en sí misma puede ser fiel a los demás", la fe en el propio
amor, la fe en la humanidad. Tener fe necesita del coraje, la capacidad
de arriesgarse, llegando incluso a aceptar el dolor y la desilusión. La
práctica de la fe y el valor deben ser ingredientes de la vida diaria.
¿Por qué amar es un acto de fe? Porque amar significa comprometerse sin
garantías, entregarte a la persona amada con la esperanza de producir
amor.
Otra condición necesaria para amar es la actividad, ser activo tanto en el pensamiento como en el sentimiento.
Pero todo lo descrito está inseparablemente unido al dominio social, es
decir, como ya se ha dicho antes el amor no sólo ha de residir en las
relaciones con la propia familia, los amigos y las relaciones eróticas,
sino también para con todos los que están en contacto con nosotros a
través de nuestras actividades diarias. Sin embargo, los principios
sobre los que se basa la sociedad capitalidad y el principio que ha de
regir el amor son incompatibles. Es por ello que para que el amor se
convierta en un fenómeno social y no una excepción individualista y
marginal, han de producirse importantes y radicales cambios en la
estructura social. Fromm no se plantea una respuesta a este cambio
social, pues requeriría otro libro, pero sí sugiere un camino a seguir.
Hay que pasar de la omnipresencia del interés económico, donde los
medios se convierten en fines, donde el hombre es un autómata, a una
sociedad donde el hombre ocupe el lugar supremo y la máquina económica
esté para servirlo y no para ser servida, donde el amor no esté separado
de la propia existencia social. Porque, en definitiva, "el amor es la
única respuesta satisfactoria al problema de la existencia humana".
Fromm nos recomiendoa como necesario para aprender a concentrarse:
evitar las conversaciones triviales y las malas compañías. Esto es
complicado en el mundo actual, donde la hipocresía es común, donde la
trivialidad predomina. Porque, si eliminamos la hipocresía y la
trivialidad podemos correr el riesgo de quedarnos más solos de lo que ya
por sí estamos,
aunque también es cierto que la amistad y el
amor se tornarían verdaderos. Creo que, en cierta forma, somos
conscientes de una trivialidad e hipocresía que aceptamos y de la que
también participamos, pero somos conscientes de cuándo, cómo y con quién
la sinceridad es real y permanente, quizás son pocas las personas. A
veces no se trata de eliminar o evitar, sino de ser consciente de ello.
Fromm habla del amor como acción de dar, sin condiciones previas, sin
esperar nada a cambio aunque el recibir sea inevitable. Por otro lado,
nos dice que amar significa comprometerse sin garantías,
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